Apuntes sobre Codependencia y Arte Moderno

15.10.11

Autorretrato 2006






Apoderarnos de nuestra fuerza
Hay un sentimiento al que le tenemos que prestar una particular
atención durante la recuperación: sentirnos victimados. No
necesitamos acostumbrarnos a sentirnos a gusto con ese sentimiento.
¿Cómo nos sentimos cuando hemos sido víctimas de alguien?
Impotentes, furiosos, desamparados, frustrados.
Es peligroso sentirse victimado. A menudo, esto nos puede lanzar a
conductas adictivas o a otras conductas compulsivas.
En la recuperación estamos aprendiendo a identificar cuándo nos
sentimos victimados, cuándo hemos sido victimados en realidad y por
qué nos estamos sintiendo victimados. Estamos aprendiendo a
apoderarnos de nuestra fuerza, a cuidar de nosotros mismos y a
retirarnos de nuestro papel de víctimas.
A veces, apoderarnos de nuestra fuerza significa darnos cuenta de
que nos estamos victimando a nosotros mismos, y que los demás no
están haciendo nada para lastimarnos. Ellos están viviendo su vida,
como es su derecho, y nosotros nos estamos sintiendo víctimas porque
estamos intentando controlar su proceso o, de manera irracional,
estamos esperando que ellos cuiden de nosotros. Nos podemos sentir
victimados si nos quedamos atascados en una creencia codependiente,
tal como ....Los demás me hacen sentir.... Los demás tienen la llave de
mi felicidad y mi destino.... o, no podré ser feliz a menos que otro
se comporte de determinada manera, o de que sucedan ciertas
cosas.....
Otras veces, apoderarnos de nuestra fuerza significa que nos damos
cuenta de que estamos siendo victimados por la conducta de otra
persona. Están siendo invadidos nuestros límites. Es ese caso,
indagamos qué necesitamos hacer para cuidar de nosotros mismos e
impedir que continúe la victimación; necesitamos fijar límites.
A veces, lo único que se requiere es un cambio de actitud. No somos
víctimas.
Luchamos por sentir compasión hacia la persona que nos victimó, pero
comprendemos que a menudo la compasión viene después, cuando nos
hayamos despojado de nuestro papel de víctimas en cuerpo, mente y
espíritu. También entendemos que sentir demasiada compasión puede
volver a ponernos de inmediato en el cajón de las víctimas. Sentir
demasiada lástima por una persona que nos está victimando puede
establecer una situación donde la persona nos pueda convertir de
nuevo en su víctima.
No tratamos de forzar consecuencias ni crisis sobre otra persona,
pero tampoco la rescatamos de las consecuencias lógicas de su
conducta. Si hay un papel que tengamos la responsabilidad de jugar
para que se den esas consecuencias, lo desempeñamos, no para
controlar ni para castigar, sino para ser responsables con nosotros
mismos y con los demás.
Tratamos de descubrir qué podemos estar haciendo que nos hace sentir
victimados, o qué papel estamos jugando dentro de un sistema, y
dejamos, también, de hacerlo. No tenemos poder sobre los demás ni
sobre su conducta, pero podemos apropiarnos de nuestra fuerza y
apartarnos de ser víctimas.
Hoy asumiré la responsabilidad de ser yo mismo y de demostrárselo a
los demás al no permitir que se me victime.  No puedo controlar los
acontecimientos, pero sí puedo controlar mi actitud al ser
victimado. No soy una víctima; no merezco ser victimado.

11.10.11

Escondido en la Ciudad 94, en las ramas, 2010, fotografía.





Desapego
El concepto del “dejar ir” puede ser confuso para muchos de
nosotros. ¿Cuándo estamos haciendo demasiado o esforzándonos
demasiado por controlar a la gente y los sucesos? ¿Cuándo estamos
haciendo demasiado poco? ¿Cuándo estamos haciendo lo apropiado para
cuidar de nosotros mismos? ¿Cuál es nuestra responsabilidad y cuál no
es?.
Estas cuestiones nos pueden desafiar, ya sea que hayamos estado en
recuperación durante diez días o diez años. A veces dejamos ir
tanto, que descuidamos la responsabilidad para con nosotros mismos y
con los demás. Otras, quizá crucemos la línea que existe entre
cuidar de nosotros mismos y controlar a los demás y a los sucesos.
No hay un libro de reglas respecto a esto. Pero no tenemos por qué
volvernos locos, no tenemos por qué tener tanto miedo. No tenemos
que recuperarnos perfectamente. Si parece que necesitamos emprender
determinada acción, podemos hacerlo. Si ninguna acción parece
oportuna o inspirada, no la llevamos a cabo.
Tener y fijar límites sanos –fronteras sanas- no es un proceso
ordenado. Podemos darnos permiso a nosotros mismos de experimentar,
de cometer errores, de aprender, de crecer.
Podemos hablar con la gente, hacer preguntas y cuestionarnos a
nosotros mismos. Si hay algo que necesitamos hacer o aprender, esto
se volverá aparente. Las lecciones no se van. Si no estamos cuidando
de nosotros mismos lo  suficiente, lo veremos. Si estamos siendo
demasiado controladores, también llegaremos a entenderlo. Las cosas
se solucionarán. El camino se despejará.
Hoy emprenderé las acciones que me parezcan apropiadas. El resto lo
dejaré ir. Lucharé por conseguir el equilibrio entre la
responsabilidad conmigo mismo, la responsabilidad para con los demás
y el dejar ir.