Apuntes sobre Codependencia y Arte Moderno

30.9.11

Sin título, 1975, trabajo en papel.






Miedo

No seas demasiado tímido y escrupuloso acerca de tus actos. La vida entera es un experimento. Cuantos más experimentos hagas, mejor. ¿Qué importa si éstos son un tanto burdos y te empapas o te rasgas la ropa, o si fracasas y te revuelcas en la tierra una o dos veces? Te levantas de nuevo; nunca debes tenerle tanto miedo a una caída.
Ralph Waldo Emerson.


El miedo puede ser un gran obstáculo para muchos de nosotros: miedo a la fragilidad, miedo al fracaso, miedo a cometer un error, miedo al qué dirán, miedo al éxito. Quizá dudemos tanto de nuestra siguiente acción o palabra que acabemos convenciéndonos de no participar en la vida.


“¡Pero ya fracasé antes!” “¡No puedo hacerlo bien!” “¡Mira lo que me pasó la última vez!” “¿Qué pasaría si...?” Estas afirmaciones pueden ser un disfraz del miedo. A veces, el miedo es el disfraz de la vergüenza.
Después de que terminé los primeros dos capítulos de un libro que estaba escribiendo, los leí e hice una mueca. “No están bien”, pensé. “No puedo hacerlo”. Estaba lista para tirar los capítulos por la ventana y tirar también mi carrera como autora.


Una amiga escritora me llamó y le conté mi problema. Ella me escuchó y me dijo: “Esos capítulos están  bien. Deja ese miedo. Deja de criticarte a ti misma y sigue escribiendo”.
Seguí su consejo. El libro que estuve a punto de tirar a la basura se convirtió en un éxito de ventas del New York Times. Relájate. Nuestro mejor esfuerzo es suficientemente bueno. Puede ser mejor de lo que pensamos. Incluso nuestros fracasos pueden convertirse en importantes experiencias de aprendizaje que nos
lleven directamente al éxito, y que sean necesarias para él.


Siente el miedo y luego déjalo ir. Decídete y hazlo, sea lo que sea.
Si nuestros instintos y nuestro sendero nos han traído hasta aquí, aquí es donde debemos estar.
Hoy participare en la vida al máximo de mi capacidad, sin importarme el resultado. Eso me hace ser un ganador.

28.9.11

Ojo de agua, 2010, óleo.





El manejo de los sentimientos dolorosos
El sentimiento de haber sido lastimados y el de ira son los más
difíciles de encarar. Nos podemos sentir vulnerables, asustados e
impotentes cuando estos sentimientos comienzan a aflorar, porque
pueden disparar el recuerdo de ocasiones similares en que nos
sentiamos impotentes.
A veces, para recuperar el sentido de control, quizá castiguemos a
la gente que está a nuestro alrededor, ya sea que los culpemos de
esos sentimientos o que sean víctimas inocentes. Quizá tratemos de
“desquitarnos” o de manipular a espaldas de la gente para ganar la
sensación de poder sobre la situación.
Estas acciones quizá nos den un sentimiento temporal de
satisfacción, pero sólo nos harán posponer la decisión de afrontar
nuestro dolor.
Sentirse herido no tiene que ser algo tan atemorizante ni tenemos
que trabajar tan duro para evitarlo. Aunque sentirse herido no es
tan bonito como sentirse feliz, los sentimientos siguen siendo sólo
eso, sentimientos.
Podemos someternos a ellos, sentirlos y seguir adelante. Eso no
significa que tengamos que buscar sentirnos heridos o detenernos
innecesariamente en ese tipo de sentimientos. El dolor emocional no
tiene por qué devastarnos. Podemos sentarnos derechos, sentir el
dolor, indagar si necesitamos hacer algo para cuidar de nosotros
mismos y luego proseguir con nuestra vida.
No tenemos que actuar con prisas; no tenemos que castigar a los
demás para tener control sobre nuestros sentimientos. Podemos
empezar compartiendo con otros nuestro dolor de sentirnos
lastimados. Esto trae un alivio y a menudo la curación tanto para
ellos como para nosotros.
Con el tiempo aprenderemos la lección de que la verdadera fuerza
proviene de que nos permitamos a nosotros mismos ser lo bastante
vulnerables como para sentir el dolor. La verdadera fuerza proviene
de saber que podemos cuidar de nosotros mismos, aunque sintamos
dolor emocional. La verdadera fuerza nos viene cuando dejamos de
hacer responsables a los demás de nuestro dolor y asumimos la
responsabilidad de nuestros propios sentimientos.
Hoy me someteré a mis sentimientos, incluso a los que son
emocionalmente dolorosos. En vez de actuar con urgencia, o de intentar
castigar a alguien, seré lo bastante vulnerable para experimentar
mis sentimientos.